Una noche
Las luces de las farolas iluminaban las calles mientras hacíamos nuestro recorrido hacia la casa. Su mano sujeta a la mía como muestra de cariño me brindaba el calor que el frío de la noche me quitaba. Su palma pegada a la mía y sus dedos enlazados a los míos. No quería soltarlo nunca.
Me susurraba palabras que quedaban perdidas en el viento pero que yo sabía recordaría a la mañana siguiente. Cruzamos las calles entusiasmados, expectantes de lo que vendría después. Apenas faltaba una cuadra pero ya era capaz de visualizar su hogar, aquel espacio que nos brindaría toda la privacidad que anhelábamos.
Unos segundos después separó su mano de la mía para tomar las llaves, y tras abrir la puerta entramos frenéticos por continuar con lo que habíamos comenzado antes. Sus labios se posaron sobre los míos y su lengua se abrió paso entre mis dientes. Dio un paso adelante, pegando su cuerpo al mío y dirigió sus manos hacia mi espalda. Sentía sus dedos rozando mi piel, y el calor que irradiaban se complementaba con el de mi cuerpo.
Nos movimos por la habitación en dirección al sillón. Sus brazos me sujetaron aún más fuerte y entonces mis pies dejaron de tocar el suelo. Ahora me sostenía entre sus brazos, en el aire con su cuerpo pegado al mío como si fuéramos uno solo. Sus labios cálidos y húmedos volvían locos a los míos y nos debatíamos en una batalla interminable.
Entonces nos situamos sobre el sillón. Aún con nuestros labios unidos me apoyé sobre el mueble y él sobre mí. Sentía el peso de su cuerpo sobre el mío y la calidez que irradiaba cada parte de él. Separó nuestros labios para dirigir los suyos hacia mi cuello. Nuevas sensaciones recorrían mi cuerpo y mi mente. Para mí, era territorio inexplorado, pero se sentía maravilloso. Mi cuerpo quería más, y mientras acariciaba su cabello sus labios jugaban sobre mi piel.
Estiré mis manos hacia su rostro y lo atraje hacia mí, mis labios pedían más de los suyos y mi cuerpo quería fundirse en él. Nos besamos durante lo que parecieron segundos hasta que él nuevamente se desprendió de mí. Ahora su mano se posaba sobre mi blusa y la levantaba para besar mi estómago. Sentir la calidez de sus labios sobre esa zona de mi cuerpo hizo que quisiera aún más y más de él.
Dirigí de vuelta mis manos a su cabello y lo acaricié mientras tenía esa sensación de sus labios sobre mi cuerpo, rozando mi piel. Y entonces supe que no quería parar, no tenía ninguna intención de hacerlo. Muy dentro de mí, mi mente gritaba por más, quería que él se quedara así durante el resto de la noche, besándome y sintiendo su cuerpo contra el mío.
Me susurraba palabras que quedaban perdidas en el viento pero que yo sabía recordaría a la mañana siguiente. Cruzamos las calles entusiasmados, expectantes de lo que vendría después. Apenas faltaba una cuadra pero ya era capaz de visualizar su hogar, aquel espacio que nos brindaría toda la privacidad que anhelábamos.
Unos segundos después separó su mano de la mía para tomar las llaves, y tras abrir la puerta entramos frenéticos por continuar con lo que habíamos comenzado antes. Sus labios se posaron sobre los míos y su lengua se abrió paso entre mis dientes. Dio un paso adelante, pegando su cuerpo al mío y dirigió sus manos hacia mi espalda. Sentía sus dedos rozando mi piel, y el calor que irradiaban se complementaba con el de mi cuerpo.
Nos movimos por la habitación en dirección al sillón. Sus brazos me sujetaron aún más fuerte y entonces mis pies dejaron de tocar el suelo. Ahora me sostenía entre sus brazos, en el aire con su cuerpo pegado al mío como si fuéramos uno solo. Sus labios cálidos y húmedos volvían locos a los míos y nos debatíamos en una batalla interminable.
Entonces nos situamos sobre el sillón. Aún con nuestros labios unidos me apoyé sobre el mueble y él sobre mí. Sentía el peso de su cuerpo sobre el mío y la calidez que irradiaba cada parte de él. Separó nuestros labios para dirigir los suyos hacia mi cuello. Nuevas sensaciones recorrían mi cuerpo y mi mente. Para mí, era territorio inexplorado, pero se sentía maravilloso. Mi cuerpo quería más, y mientras acariciaba su cabello sus labios jugaban sobre mi piel.
Estiré mis manos hacia su rostro y lo atraje hacia mí, mis labios pedían más de los suyos y mi cuerpo quería fundirse en él. Nos besamos durante lo que parecieron segundos hasta que él nuevamente se desprendió de mí. Ahora su mano se posaba sobre mi blusa y la levantaba para besar mi estómago. Sentir la calidez de sus labios sobre esa zona de mi cuerpo hizo que quisiera aún más y más de él.
Dirigí de vuelta mis manos a su cabello y lo acaricié mientras tenía esa sensación de sus labios sobre mi cuerpo, rozando mi piel. Y entonces supe que no quería parar, no tenía ninguna intención de hacerlo. Muy dentro de mí, mi mente gritaba por más, quería que él se quedara así durante el resto de la noche, besándome y sintiendo su cuerpo contra el mío.
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