Vivir por el solo hecho de vivir

¿Alguna vez sintieron que viven por el solo hecho de vivir? ¿Sin ningún propósito? ¿Sin ninguna meta? Así me he sentido últimamente.
Los días pasan, las horas, los minutos, y todo se vuelve una rutina. La rutina de la mañana, la rutina de la tarde, la rutina de la noche. Días que pasan, vacíos y solitarios, donde no hago más que... ¿vivir? Me veo desperdiciando mi tiempo, desperdiciando mis días y mis oportunidades. Veo a la gente pasar, las hojas caer, el viento soplar y el tiempo cambiar, pero yo sigo aquí, igual de vacía, igual de perdida.
Mis sentimientos se perdieron, el sentido de mis acciones también. Me encuentro a mi misma viviendo una vida que no disfruto, pasando días y horas repitiendo acciones que dicen los demás, me servirán en un futuro, pero que en el presente solo me hacen sentir una máquina sin propósitos.
Cumplo con mis estudios, mi trabajo y mis deberes. Vivo como un ser pasivo, inexpresivo y aislado. Me pregunto cuando alcancé este punto. Todo lo que me rodea ha perdido significado y no me he convertido en nada más que aquella chica cerrada que fui un tiempo atrás. Con emociones vacías, sentimientos apagados y una indiferencia que se expresa en cada acto.
He sido reemplazada por una versión de mi misma mucho mas fría, desinteresada, indiferente y mala. Hay un nuevo yo, quién vive mecánicamente, sin sentir, sin pensar. No es que sea una solución, ¿pero acaso hay algo mejor? Me siento perdida, en un océano de pensamientos que cuestionan mi propia existencia y el sentido de mi vida... Me enfrento a ellos, pero me derrumban como las olas. No quiero ahogarme en ellos, no quiero volverme a perder, pero tampoco dejarlos ir, porque aún así me pertenecen y forman parte de mí.
Los sentimientos se han ido perdiendo y solo me ha quedado la angustia de saber que nada cambiará y mi vida es esta hoy. Y si me preguntan, haría tantas cosas, y cambiaría tantas otras. Pero solo me puedo ver ahí, estancada en un presente que me agobia y que no se si quiero. Atrapada en una vida que no es mía, si no de esa persona fría e indiferente que vino a ocupar mi lugar.
Alejándome de todos y perdiéndome entre los días, me queda el solo hecho de ser quien soy y de vivir por ese simple acto de hacerlo. Porque soy demasiado cobarde para tomar otra decisión y porque, muy en el fondo, también se que quiero otro camino. Y después de todo, se que, tal vez, la tormenta pase, el cielo vuelva a su color y yo deje de vivir por el solo hecho de vivir. Será entonces cuando comenzaré a vivir por mí, por mis propósitos, por mis metas y porque yo decido hacerlo.

Comentarios

Entradas populares