Una mancha gris
Despertó con el sol saliendo por el horizonte, atrapada en sus sábanas y en una vida que no le pertenecía. Renunció a los sueños de la noche para enfrentarse a un día más, a la rutina de una vida que despreciaba.
Los rayos iluminaban la habitación y le otorgaban calidez al ambiente. El libro que había leído la noche anterior se reposaba junto a su almohada, seguramente se había dormido mientras las palabras danzaban ante sus ojos. Historias de dragones, princesas y duendes, de amores perdidos y encontrados, de despedidas y lamentos. Todas ocupando un lugar en su corazón.
Caminó hacia la ventana, el sol se elevaba a lo lejos y con él, el comienzo de un nuevo día. Nuevas oportunidades y experiencias que dejaría a un lado. Otro día de la vida que soñó y no realizó quedaban atrás.
Se volteó y comenzó la rutina: se aseo, se cambió y tomó su desayuno. El bolso ya con todas sus cosas la esperaba junto a la entrada, y tras agarrar las llaves salió a la calle. Decenas de personas divagaban por la ciudad, corriendo a sus trabajos, a universidades y a reuniones. Todo un grupo de seres humanos presos de la sociedad.
Se sintió asqueada, y una vez más le sobrevino la necesidad de correr lejos de todo aquello que la aprisionaba.
Sabía que una vida diferente la esperaba en algún otro lugar, pero no era posible desprenderse de sus responsabilidades. ¿Que era aquello tan grande que la ataba a una vida que la hacía completamente infeliz? La idea de esa vida diferente corría por cada parte de su cuerpo, llenándola cada día más. Sabía que debía tomar el control de sus decisiones y actuar pensando solo en ella, pero simplemente no lograba hacerlo.
Y no sabría tampoco cuando lo haría. Allí estaba, muy dentro de ella, todo el deseo de salir y conocer, de vivir nuevas experiencias y descubrir el mundo. Pero sabía que esta mañana no lo haría. Sabía que, una vez más, este día no sería la excepción.
Así que solo caminó, como otra mancha gris en la oscura ciudad.
Los rayos iluminaban la habitación y le otorgaban calidez al ambiente. El libro que había leído la noche anterior se reposaba junto a su almohada, seguramente se había dormido mientras las palabras danzaban ante sus ojos. Historias de dragones, princesas y duendes, de amores perdidos y encontrados, de despedidas y lamentos. Todas ocupando un lugar en su corazón.
Caminó hacia la ventana, el sol se elevaba a lo lejos y con él, el comienzo de un nuevo día. Nuevas oportunidades y experiencias que dejaría a un lado. Otro día de la vida que soñó y no realizó quedaban atrás.
Se volteó y comenzó la rutina: se aseo, se cambió y tomó su desayuno. El bolso ya con todas sus cosas la esperaba junto a la entrada, y tras agarrar las llaves salió a la calle. Decenas de personas divagaban por la ciudad, corriendo a sus trabajos, a universidades y a reuniones. Todo un grupo de seres humanos presos de la sociedad.
Se sintió asqueada, y una vez más le sobrevino la necesidad de correr lejos de todo aquello que la aprisionaba.
Sabía que una vida diferente la esperaba en algún otro lugar, pero no era posible desprenderse de sus responsabilidades. ¿Que era aquello tan grande que la ataba a una vida que la hacía completamente infeliz? La idea de esa vida diferente corría por cada parte de su cuerpo, llenándola cada día más. Sabía que debía tomar el control de sus decisiones y actuar pensando solo en ella, pero simplemente no lograba hacerlo.
Y no sabría tampoco cuando lo haría. Allí estaba, muy dentro de ella, todo el deseo de salir y conocer, de vivir nuevas experiencias y descubrir el mundo. Pero sabía que esta mañana no lo haría. Sabía que, una vez más, este día no sería la excepción.
Así que solo caminó, como otra mancha gris en la oscura ciudad.
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