Enmascarados
El tren comenzó a
descender su velocidad y a través de los ventanales podían observarse los
árboles que lo rodeaban. Minutos después, el ruido de la locomotora cesó y los
vagones dejaron de moverse. Estábamos ahora parados en el medio del recorrido.
Lo único que se podía observar era la oscuridad de la noche que envolvía al
vagón como un manto negro y los pocos árboles que se encontraban fuera.
Repentinamente, todo pasó a estar en una negrura completa donde lo único que emitía algo de luz era el destello de la luna que se cernía desde lo alto del
cielo.
Los murmullos fueron en aumento entre los pasajeros. Nadie sabía que sucedía y tampoco habíamos recibido ningún anuncio que explicara un problema en el servicio.
Voltee mi rostro hacia a fuera y pude observar el destello de algo detrás de los árboles. No podía entender que estaba sucediendo, ni por que la gente tomaba momentáneamente un estado de pánico ante los hechos.
Observé a mi compañero de asiento: su estado de trance no demostraba que hubiera oído ninguno de los murmullos ni tampoco que se hubiera dado cuenta de la detención del tren.
Me levanté de mi asiento y pasé cuidadosamente fuera del lugar, intentando no hacer ningún movimiento que pudiera despertarlo.
Una vez fuera, caminé a través del pasillo observando a cada uno de los pasajeros. Algunos, al igual que la persona que estaba junto a mí, no demostraban preocupación alguna sobre la repentina detención del tren; otros, en cambio, parecían realmente desconcertados y algo preocupados sobre lo que estaba ocurriendo.
Los murmullos se hacían cada vez más altos y una vez que estuve detrás de la puerta que separaba un vagón del otro, pude observar que mi vagón no era el único que había perdido la iluminación. También lo había hecho el resto del tren.
Un golpe se escuchó por detrás de mí. Proveniente del último vagón y acompañado de más golpes y un leve movimiento en el tren que se sintió hasta donde yo me encontraba.
Luego los gritos. No podía entender que estaba sucediendo, tampoco sabía cuál era la fuente del ruido, pero los gritos demostraban pánico, terror y desesperación entre los pasajeros.
Sentí que la necesidad de saber lo que ocurría allí atrás me consumía a cada segundo. Caminé entre los pasillos y a través de los vagones directo hacia el lugar de donde provenían los gritos y golpes.
Cuando estuve a solo metros de allí todo se intensifico y los golpes fueron reemplazados por una voz aguda.
Los murmullos fueron en aumento entre los pasajeros. Nadie sabía que sucedía y tampoco habíamos recibido ningún anuncio que explicara un problema en el servicio.
Voltee mi rostro hacia a fuera y pude observar el destello de algo detrás de los árboles. No podía entender que estaba sucediendo, ni por que la gente tomaba momentáneamente un estado de pánico ante los hechos.
Observé a mi compañero de asiento: su estado de trance no demostraba que hubiera oído ninguno de los murmullos ni tampoco que se hubiera dado cuenta de la detención del tren.
Me levanté de mi asiento y pasé cuidadosamente fuera del lugar, intentando no hacer ningún movimiento que pudiera despertarlo.
Una vez fuera, caminé a través del pasillo observando a cada uno de los pasajeros. Algunos, al igual que la persona que estaba junto a mí, no demostraban preocupación alguna sobre la repentina detención del tren; otros, en cambio, parecían realmente desconcertados y algo preocupados sobre lo que estaba ocurriendo.
Los murmullos se hacían cada vez más altos y una vez que estuve detrás de la puerta que separaba un vagón del otro, pude observar que mi vagón no era el único que había perdido la iluminación. También lo había hecho el resto del tren.
Un golpe se escuchó por detrás de mí. Proveniente del último vagón y acompañado de más golpes y un leve movimiento en el tren que se sintió hasta donde yo me encontraba.
Luego los gritos. No podía entender que estaba sucediendo, tampoco sabía cuál era la fuente del ruido, pero los gritos demostraban pánico, terror y desesperación entre los pasajeros.
Sentí que la necesidad de saber lo que ocurría allí atrás me consumía a cada segundo. Caminé entre los pasillos y a través de los vagones directo hacia el lugar de donde provenían los gritos y golpes.
Cuando estuve a solo metros de allí todo se intensifico y los golpes fueron reemplazados por una voz aguda.
- No tengan miedo. –
Murmuró - El miedo solo les imposibilita la capacidad de actuar.
Obedezcan y no saldrán heridos. Obedezcan y serán recompensados.
Un escalofrió recorrió
mi espalda y me comencé a sentir asustado. La puerta que tenía frente a mí me
imposibilitaba ver más allá de la fina cortina que la cubría. Voltee mi rostro
esperando encontrar alguien más que hubiera escuchado lo mismo que yo, pero la oscuridad
me impedía ver el rostro de los demás.
Entonces decidí averiguar qué sucedía detrás y fue cuando corrí la cortina apenas unos centímetros y observé lo que ocurría allí que me impactó de modo tal que retrocedí varios centímetros.
Parados en los pasillos, unos cinco hombres vestían trajes y máscaras negras. Los pasajeros, asustados, se encontraban en sus lugares abrazando sus pertenecías o lloriqueando sin saber cómo responder.
Los hombres, vestidos con túnicas negras que alcanzaban el suelo y cubrían hasta sus zapatos, gritaban órdenes qué apenas lograba distinguir. “¡Mantengan la calma!” decían algunos por lo bajo. Otros, en cambio, intentaban sembrar terror en los pasajeros: “No eleven la voz. Si lo hacen, se arrepentirán.”
Sus rostros se encontraban ocultos por unas mascaras que parecían compradas en un cotillón. Eran negras y además de tener dos agujeros a la altura de sus ojos para poder observar a través de ella, poseían también una gran sonrisa dibujada sobre la misma qué las hacía más espeluznantes aún.
Corrí la cortina sintiéndome atemorizado por lo que mis ojos habían observado. ¿Quiénes eran esos hombres y porqué estaban aquí? ¿Acaso era un asalto? Y sí así era… ¿Por qué no habían tomado ya todas las cosas de valor y escapado?
Las preguntas no parecían coincidir con los hechos y comenzaba a sentirme aún más atemorizado.
Entonces decidí averiguar qué sucedía detrás y fue cuando corrí la cortina apenas unos centímetros y observé lo que ocurría allí que me impactó de modo tal que retrocedí varios centímetros.
Parados en los pasillos, unos cinco hombres vestían trajes y máscaras negras. Los pasajeros, asustados, se encontraban en sus lugares abrazando sus pertenecías o lloriqueando sin saber cómo responder.
Los hombres, vestidos con túnicas negras que alcanzaban el suelo y cubrían hasta sus zapatos, gritaban órdenes qué apenas lograba distinguir. “¡Mantengan la calma!” decían algunos por lo bajo. Otros, en cambio, intentaban sembrar terror en los pasajeros: “No eleven la voz. Si lo hacen, se arrepentirán.”
Sus rostros se encontraban ocultos por unas mascaras que parecían compradas en un cotillón. Eran negras y además de tener dos agujeros a la altura de sus ojos para poder observar a través de ella, poseían también una gran sonrisa dibujada sobre la misma qué las hacía más espeluznantes aún.
Corrí la cortina sintiéndome atemorizado por lo que mis ojos habían observado. ¿Quiénes eran esos hombres y porqué estaban aquí? ¿Acaso era un asalto? Y sí así era… ¿Por qué no habían tomado ya todas las cosas de valor y escapado?
Las preguntas no parecían coincidir con los hechos y comenzaba a sentirme aún más atemorizado.
Otro golpe ensordecedor
se escucho en unos vagones más adelante y seguido de este, los gritos de los
pasajeros sonaron como uno mismo. Los vidrios crujieron y se rompieron a mi
lado, y en un segundo, el vagón en donde yo estaba también se había llenado de
gritos y descontrol.
Ahora comprendía la situación. No era un simple robo, los hombres enmascarados nos estaban atacando por todos los vagones. ¿En busca de qué? No lo sabía. Pero lo que si sabía era que esto no sería una simple emboscada, un simple ataque.
Coloqué ambas manos sobre mis oídos y sentí las lágrimas caer por mis mejillas. Jamás había habría imaginado que aquella sería la peor noche de mi vida.
Ahora comprendía la situación. No era un simple robo, los hombres enmascarados nos estaban atacando por todos los vagones. ¿En busca de qué? No lo sabía. Pero lo que si sabía era que esto no sería una simple emboscada, un simple ataque.
Coloqué ambas manos sobre mis oídos y sentí las lágrimas caer por mis mejillas. Jamás había habría imaginado que aquella sería la peor noche de mi vida.
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