Un cielo que promete felicidad

Los colores se diluyen ante mis ojos como pintura en el agua. Son tan claros y puros que me hacen sentir viva y libre, capaz de hacer cualquier cosa.
Tonos naranjas, violetas y rosas se mezclan en el horizonte. ¿Cómo ha de ser posible que el mismo cielo que hoy era celeste y en las noches es negro resulte guardar tantos colores en sí?
Estos se alejan y se mezclan, cambiando con cada momento, sin esperar nada más que los minutos para qué el negro ocupe su lugar.  Los tonos cambian y dan paso a versiones más oscuras de los mismos. Aquel violeta suave resulta ser ahora un morado y aquel rosa pastel se vuelve aún más fuerte, como si tuviera vida propia en todo el espacio. 
Un universo lleno de colores qué cambian con cada segundo.
La noche se acerca, sigilosa y en silencio, despojando al cielo de sus cálidos colores hasta que no exista más que el oscuro azul que dará paso al negro.
Un cielo con tonos azules y violetas se encuentra sobre mí, llenándome de valor. Es este cielo la esperanza de que todo irá bien, de una mejora y un cambio en todo lo demás.
Un cielo que con sus colores demuestra que, más allá del dolor y la pena, seguirá aquí, acompañándonos. Un cielo que nos traerá la firmeza de que habrá un mañana lleno de oportunidades.
 
Es así, viendo el cielo y el horizonte sobre mí, que comprendo mejor. Es viendo este atardecer que sé que su calidez me acompañara...

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