Un atardecer y una despedida

Todo comenzó con un atardecer. Un atardecer y una despedida.
¿Quién iba a imaginar que uno de los más bellos momentos del día se convertiría en una pesadilla para nosotros dos?
Sabíamos que teníamos un algo prohibido y que para la sociedad nuestro amor estaba mal. ¿Pero acaso podíamos hacer algo para evitar estos sentimientos? Nuestro amor era más fuerte que cualquiera de sus prejuiciosas ideas sobre lo que era o no adecuado.

Nuestros cuerpos estaban unidos, como si fueran uno mismo, y nuestros labios a solo centímetros del otro. Observé los ojos de mi amado una vez más, sabía que estando con él estaría a salvo. Sus ojos, que guardaban el lugar más especial para mí y la confianza de un amor eterno.
- Te amaré para siempre - murmuraron sus labios - lo sabes, ¿cierto?

- Lo sé - suspiré, podía sentir las lágrimas a punto de salir. No quería llorar frente a él, no quería que pensara de mi como alguien débil - Es solo que no quiero separarme de ti.
- Sabes que yo tampoco lo quiero, no hay nada que sea más difícil para mi en estos momentos.
- ¿Por qué debemos hacerlo entonces? - una lágrima rodó por mi mejilla derecha.
- Para mantenernos con vida.

Sabía la verdad de esas palabras. Entendía que si ambos queríamos seguir con vida no podíamos continuar juntos, ¿pero acaso no era mejor la muerte que separarme de él? Me había prometido que nos volveríamos a reunir, una y mil veces más después de que todo esto haya pasado. Prometió que no me olvidaría y yo prometí que tampoco lo olvidaría a él. ¿Pero cuanto tiempo debía pasar hasta que nuestros cuerpos y labios estuvieran juntos otra vez, hasta que podamos amarnos sin tener que escondernos? 

Lo observé una vez más mientras las lágrimas caían por mis mejillas, él beso todas y cada una de ellas y luego sus labios se dirigieron a los míos. 
Nos besamos solo minutos que parecieron horas y días, quería disfruta de él por el poco tiempo que nos quedara juntos y hacer de momentos como este, memorias inolvidables en mi mente hasta que nos volviéramos a juntar.

Se levantó del césped segundos después, los árboles a nuestro alrededor que formaban parte de uno de los mas bellos bosques del lugar nos cubrían de la oscuridad del cielo en esta noche y el miedo que nos provocaba.

- Debo irme - su rostro estaba a metros del mío y sentí la necesidad de volver a unir nuestros cuerpos una vez más.
- Por favor - supliqué -. No te vayas.
- Ojala pudiera quedarme princesa - su mano se dirigió a la mía y nuestros dedos se unieron. - Prométeme que me esperarás y regresaré. 
- Lo prometo. Una y mil veces más.
- Entonces volveré cuanto antes.

Y con sus últimas palabras sus dedos se separaron de los míos y su cuerpo se alejó.
Comenzó a caminar a través de los árboles y esquivando los arbustos. Sentí mi cuerpo temblar y las lágrimas cayendo por mi rostro. Quería correr tras él y tomarlo entre mis brazos. Quería quedarme junto a él y que no nos separáramos nunca. Pero mis piernas no respondían. Mi cuerpo se había quedado inmovilizado observando como el amor de mi vida se alejaba cada vez más. Las lágrimas me nublaban la vista y apenas podía ver su espalda a medida que su cuerpo se disipaba. Giro su rostro una última vez y susurró un «te amo» silencioso. 

Susurré para mis adentros que lo amaría por siempre y lo dejé ir. Mis rodillas entonces comenzaron a fallar y caí sobre el suelo, mi cuerpo temblando y mis lágrimas como olas en el océano. Había perdido a mi amor y nada podía decirme que lo volvería a ver. 

Comentarios

Entradas populares